lunes, 5 de junio de 2017

Miguel Ángel Crespo: “Hay demanda de alimentos sin transgénicos”


Experto. Administrador de empresas  de profesión, Miguel Ángel Crespo incursionó en la investigación e innovación tecnológica de la biodiversidad con la meta de promover la administración sostenible de los recursos naturales. Es director de Probioma (Productividad Biósfera Medio Ambiente)





Miguel Ángel sostiene que Probioma no es una institución conservacionista, tampoco es una organización desarrollista, sino más bien combina lo que es la conservación con el desarrollo sostenible. En este orden, asegura de que no es partidario de los Organismos Genéticamente Modificados (OGM).

_ En un encuentro continental en Colombia un grupo de científicos destacó que es ineludible la necesidad de transgénicos en el planeta, porque el reto es mayor producción agrícola en menor tierra. ¿Cuál su criterio al respecto?
Los transgénicos fueron diseñados para tolerar herbicidas y producir su propio insecticida, no para tener mayor rendimiento. Mejores rendimientos se obtienen trabajando con el germoplasma, que significa mejorar variedades para llegar a su máximo potencial. Eso no lo hace la tecnología de los transgénicos. De hecho en nuestro país existe mucha experiencia desde hace varias décadas en el mejoramiento de semillas de soya, maíz, frejol, papa, trigo y  otros. Esta experiencia tiende a perderse porque lo transgénico viene  patentado por las corporaciones. 
Dicho encuentro y sus conclusiones van en contramarcha con la tendencia mundial en la producción de alimentos. Con un planeta que está con la crisis climática, energética y alimentaria, es una necesidad la producción de alimentos sanos que no provengan de impactos sociales, ambientales y de una agricultura ecológica que es sostenible.

_ Una biotecnóloga argentina dice que la oposición a la modificación de cultivos mediante la ingeniería genética se da por un lado por el afán de generar desinformación y por causas políticas, ideológicas o culturales.
Esa afirmación habría que atribuirla  a quienes promueven los transgénicos. La tendencia mundial que va acompañada con estudios y evidencias de la propia OMS, es evidente en cuanto al impacto de los mismos en la salud humana. Hay demanda creciente de alimentos sin transgénicos, ni agrotóxicos. Eso es una demostración  elocuente. Nuestro país es muy rico en recursos genéticos de alto valor nutritivo que no son promovidos y que están desapareciendo con el avance de la frontera agrícola por la implementación de un modelo que no es sostenible. Solo en la Amazonia boliviana tenemos más de 140 frutas silvestres en peligro de desaparición y estamos importando más de 150 alimentos que antes producíamos.

Es más, se desinforma cuando se dice que oponerse a los transgénicos es oponerse a la biotecnología y por lo tanto al desarrollo tecnológico. Esto no es cierto, porque la biotecnología nace hace más de 3.000 años con los asirios y sumerios que fabricaban quesos, vinos y otros. Es biotecnología la producción de yogur, la deshidratación de alimentos, el control biológico, el mejoramiento genético de plantas y animales. En este contexto, la transgénesis es una parte de la ingeniería genética y esta forma parte de la biotecnología. Eso no mencionan quienes promueven los transgénicos y eso denota que existen intereses económicos que desinforman a la opinión pública. 

_ Hay informaciones sobre ventajas en el uso de transgénicos frente a los cultivos convencionales, porque permite usar el agua, el suelo y los nutrientes con mayor eficiencia.
Eso no es cierto. En los últimos años la ampliación de la frontera agrícola se ha dado por la baja de la fertilidad de los suelos, producto de las aplicaciones de los herbicidas asociados a los transgénicos que han generado la resistencia de malezas de las que tenemos ocho en Bolivia. Ello obligó a la aplicación de otros herbicidas de complemento, para hoja ancha y gramíneas (Saflufenacil y Diclosulam), así como para la desecación con el  Paraquat,  que está prohibido en muchos países, porque ha llevado a la eliminación de la microfauna que aporta a la dinámica que promueve la fertilidad y los nutrientes de los suelos.  La aplicación de estos y otros herbicidas ha llevado a que se afecte con enfermedades de suelo a otros cultivos que no son el objetivo, como es el caso del girasol que es afectado permanentemente por la Esclerotinia. Según datos del INE, el 63% de las comunidades cruceñas afirman que sus aguas están contaminadas con agrotóxicos. A escala nacional es el 40%. 

_ Se menciona que los transgénicos no causan daño a la salud según investigaciones desde hace 20 años.
Los problemas de insuficiencia renal, autismo y cáncer que se incrementaron en el país y en el departamento de Santa Cruz, sobre todo en las zonas agrícolas, son una evidencia concreta. Además, están los datos de la OMS (2015) que clasifica en la categoría 2A de toxicidad cancerígena al herbicida Glifosato.
Entonces, la pregunta que surge frente a esta situación es, ¿por qué en muchos países existe el etiquetado de alimentos transgénicos? Justamente porque es una demanda que surge del actor principal que es el consumidor, ello sin desmerecer que es el productor uno de los mayores perjudicados, porque se vuelve cada vez más dependiente del paquete tecnológico de las semillas y de los agrotóxicos.  
http://www.eldeber.com.bo/rural/Miguel-Angel-Crespo-Hay-demanda-de-alimentos-sin-transgenicos-20170604-0024.html
Comunarios reciben resoluciones para consulta previa sin conocer los proyectos mineros

       
Comunarios de San Lorenzo Viejo, Naranjos y Motacucito, ubicados en el municipio de Roboré, en la provincia Chiquitos, han recibido dos resoluciones para la realización de consultas previas para explotar minerales en esa zona; sin embargo, en ningún momento las empresas interesadas en esa explotación les brindaron información acerca de los proyectos.
De acuerdo a la normativa legal, la empresa interesada en desarrollar minería en un territorio debe presentar a los habitantes del lugar, el perfil del proyecto, los planos y toda la información correspondiente para que los comunarios conozcan de qué trata el trabajo que la empresa pretende realizar y de esa manera cuando se haga la consulta previa, ellos tengan elementos para negociar.
La Autoridad Jurisdiccional Administrativa Minera (AJAM) ha sido la encargada de entregar dichas resoluciones en diferentes fechas y todas para explotación en el área protegida de Tucabaca. Primero lo hizo el 12 de mayo a comunarios de San Lorenzo Viejo y Naranjos, en el documento entregado se indica que la empresa Sidereste es la interesada en solicitar la licencia de explotación. La consulta estaba prevista para el jueves 25 de mayo con ambas comunidades. Como era un día laboral, los habitantes de las dos poblaciones dejaron de hacer sus actividades y dedicaron media jornada para esperar a los interesados en la consulta. La espera fue en vano, pues los interesados no aparecieron ni se comunicaron para dar explicaciones o pedir disculpas. Los comunarios de San Lorenzo Viejo y Naranjos se sienten burlados por esa actitud de la empresa y de la AJAM.
Días después, comunarios de Motacucito recibieron una resolución para la realización de consulta previa el 24 de junio de este año, la empresa solicitante es GB Minerales y Agregados S.A. Sin embargo, hasta este 2 de junio, los motacuceños todavía no habían recibido ningún tipo de documentación acerca del proyecto que se realizará en su territorio.
Es importante mencionar que estos proyectos mineros que tienen el aval de la AJAM, una entidad del gobierno nacional, pretenden ingresar en el área protegida de Tucabaca, cuando según la normativa ambiental es prohibido hacerlo. Además, en ambos casos no se respeta la CPE porque no se toma en cuenta a todas las poblaciones que serán afectadas por los proyectos mineros, como es el caso de la comunidad de San Lorenzo Nuevo.
2 de junio de 2017

jueves, 1 de junio de 2017

PROBIOMA, 27 años de trabajo socioambiental


La institución desarrolla acciones en comunidades campesinas e indígenas en el departamento de Santa Cruz y ofrece capacitación en temáticas relacionadas con la agroecología y, gestión de la biodiversidad y agua.
Este 20 de mayo Productividad Biosfera y Medio Ambiente (PROBIOMA) cumple 27 años de trabajo al servicio de la ciudadanía y el cuidado del medioambiente. El enfoque socioambiental es lo que caracteriza a la institución que a lo largo de su historia ha superado obstáculos y enfrentado desafíos de todo tipo.
PROBIOMA se fundó en 1990 en un contexto de crisis ambiental, producido por las prácticas insostenibles del modelo de producción agrícola, que implica uso excesivo de agroquímicos, avance de la frontera agrícola sin planificación, uso de semillas transgénicas, destrucción y privatización de los recursos de la biodiversidad, deforestación, etc.
En estos 27 años se han desarrollado importantes acciones en sus dos áreas de trabajo: Agroecología y, Gestión de la Biodiversidad y Agua. Bajo la misión de: “Contribuir al desarrollo nacional desde la investigación y promoción de la agricultura ecológica, la soberanía alimentaria, la remediación ambiental y la administración soberana y sostenible de los Recursos Naturales y de la Biodiversidad”; se han conseguido importantes logros en el fortalecimiento organizativo de poblaciones locales, para el monitoreo socioambiental de megaproyectos de infraestructura y minería en el sudeste boliviano y, en el desarrollo e implementación de alternativas científicas para la implementación de la agroecología y así fortalecer la seguridad y soberanía alimentaria de Bolivia.
Entre los principales logros de PROBIOMA se pueden mencionar los siguientes:
  • Aporte con alternativas técnicas para la implementación del manejo ecológico de plagas en más de 60 cultivos, tanto intensivos como extensivos, que son la base de la seguridad y soberanía alimentaria del país, toda esta biotecnología se ha desarrollado en el marco del control biológico.
  • Apoyo a la implementación del control biológico en más de 500 mil hectáreas en todo el país, que han sido cubiertas con productos biológicos y orgánicos, sustituyendo más de 320 mil litros de agroquímicos que no han envenenado el medio ambiente, los suelos y las personas.
  • Capacitación y asistencia técnica permanente en manejo ecológico de cultivos, forestería análoga y cromatografía de suelos.
  • Apoyo para el desarrollo de criterios de responsabilidad social y ambiental en la producción de soya, maíz y quinua.
  • Fomento y fortalecimiento a la producción de cultivos libres de transgénicos.
  • Aporte a la consolidación del discurso socioambiental, mediante la elaboración de una propuesta campesina de administración del parque nacional Amboró y el apoyo a proyectos de ecoturismo comunitario.
  • Fortalecimiento de capacidades de comunidades de la Chiquitania y el Pantanal para el control y monitoreo de impactos socioambientales de megaproyectos IIRSA y otros proyectos de infraestructura en la región: hidrovía Paraná - Paraguay, gasoducto Bolivia - Brasil, gasoducto Río San Miguel - Cuiabá y carretera Santa Cruz - Puerto Suárez.
  • Apoyo a la conformación de Comités de Fiscalización Socio Ambiental en la Chiquitania y el Pantanal como instancias de participación de la sociedad civil en el monitoreo a megaproyectos.
  • Formación de activistas ambientales jóvenes en la Chiquitania y Pantanal, así como de guías de turismo, con una visión empoderamiento sobre la riqueza natural y biodiversidad de su región.
  • Impulso y acompañamiento a la declaratoria de Chochis como Patrimonio Cultural y Natural.
  • Posicionarse como un referente regional en el seguimiento a proyectos mineros y derechos de las comunidades locales frente a actividades extractivas como minera en la Chiquitania y Pantanal boliviano.
  • Más de 20 años de emisión del Programa Nuestros Conocimientos, difundido por Radio Santa Cruz, como fuente de información en temas productivos y ambientales que afectan al oriente boliviano.
  • Genera información confiable a partir de procesos de investigación participativa sobre la problemática del agronegocio en Bolivia y los impactos de actividades extractivistas en Santa Cruz.
  • A nivel regional y mundial, PROBIOMA forma parte de plataformas internacionales como: Alianza Pantanal Sin Límites, Alianza Movilizando Semillas de Vida, Alianza Internacional de Pequeños Productores de Soya y de la Agricultura Familiar (AISAF), ALOP, Alianza Sistema Paraguay – Paraná, Red Internacional de Forestería Análoga (RIFA) y Drynet.


LOS ORGANISMOS GENÉTICAMENTE MODIFICADOS Y LOS AGROTÓXICOS




Santa Cruz, 31 de Mayo del 2017

Actualmente, algunos sectores de los agronegocios exigen imperativamente que el gobierno boliviano viole la Constitución Política del Estado, 10 leyes, decretos y protocolos internacionales y, permita el ingreso al país de cultivos transgénicos.

Para conocimiento público, los cultivos transgénicos son plantas que contienen información genética de otro organismo,  como bacterias que han sido insertadas y que les da una resistencia a la aplicación de ciertos herbicidas y plaguicidas como el caso del glifosato.

En el caso de Bolivia, se autorizó el cultivo de un sólo evento transgénico, la soya transgénica resistente a la aplicación del Roundup Ready (herbicida que contiene como ingrediente principal al glifosato). Sin embargo, recientemente se ha comprobado la existencia del maíz transgénico que se encuentran en el país de manera ilegal.

Entre los argumentos de los agronegocios para violar la CPE y permitir el ingreso de otros cultivos transgénicos y permitir múltiples eventos (un evento es el caso donde un cultivo tendría más de un gen trasplantado para soportar más de un herbicida o plaguicida), está la protección a los cultivos de plagas y malezas, mayor rendimiento del cultivo y menor uso de herbicidas e insecticidas que sería un aporte para la salud del productor y consumidor, así como también para el medioambiente (Ref.: Nota de prensa, EL DEBER: 28-05-2017,  G. Rodríguez).

Al respecto, vale la pena evaluar las lecciones aprendidas de lo que se ha visto en los últimos 10 años con el cultivo de soya transgénica. Miremos entonces si es que la introducción y producción  masiva de soya transgénica han llevado a la reducción en uso de agrotóxicos, mayores rendimientos y protección al medioambiente, como indican los voceros de los agronegocios y preguntemos, “¿a quién creer?”.

En el caso de los rendimientos, son varios los factores que conllevan a incrementar los mismos en la producción agrícola. Un análisis profundo e integral (revisión histórica de estudios científicos sobre un tema específico) realizado por el Departamento de Agricultura de los EEUU (USDA) sobre los transgénicos,  demuestra que esta tecnología no ha cumplido con sus promesas de mejorar rendimientos,  por lo cual esa aseveración de más producción por hectárea con transgénicos es falsa. La mejora de los rendimientos no se da mediante el uso de transgénicos pero sí mediante la aplicación de prácticas de buen manejo de suelos, semillas adecuadas, clima y manejo integrado de plagas.


En Bolivia tenemos como ejemplo el caso de la soya y sus rendimientos. Según datos de varias fuentes (INE, IBCE; CAO y ANAPO), los rendimientos de la soya no superan los rendimientos de hace 10 años cuando se cultivaba la soya convencional. Según los datos del Observatorio Agroambiental de Bolivia,  en promedio el rendimiento de 1990-2004 de la soya convencional llegó a 2,11 toneladas por hectárea,  mientras la soya transgénica desde el 2005 al 2015, el promedio llegó a 2,01 toneladas por hectárea; demostrando que las promesas de mejoras no dieron ni darán frutos, a menos que nuestro país invierta en la investigación e implementación de técnicas que mejoren el cuidado y la fertilidad de los suelos. Por lo tanto, mayor producción no se dará mediante el uso de transgénicos.

Por otra parte, en los cinco países donde mayormente se utilizan los transgénicos como es el caso de los EEUU, existen regulaciones que determinan el uso de ciertos transgénicos y se aplican metodologías rigurosas para determinar las áreas a ser cultivadas. Igualmente se realiza monitoreo minucioso de los cultivos para asegurar que no exista contaminación entre ciertos productos transgénicos que no sean aptos para el consumo humano; ejemplo de la contaminación cruzada entre maíces transgénicos para producción humana y producción de etanol (biocombustible). En los casos donde se ha comprobado contaminación se han eliminado los cultivos transgénicos como por ejemplo, el caso del maíz StarLink.

Como se puede concluir, son inversiones millonarias las que se realizan para controlar y manejar de manera adecuada esta tecnología, y aún así existen cultivos agrícolas que se han convertido en “súper malezas” como es  el caso del amaranto (https://www.scientificamerican.com/article/farmers-fight-explosion-of-superweeds/).

En Bolivia ya se tienen bastantes problemas con la resistencia de malezas al glifosato. Según Weed Science,  existen ocho especies de malezas resistentes reportadas por Bolivia, de las 36 reportadas a nivel mundial desde 1996, en tan sólo 10 años desde la autorización del cultivo de la soya transgénica. Demostrando, nuevamente, que la  implementación de los cultivos de soya transgénica están llevando a un incremento anormal de resistencias de ciertas malezas. Esto, por supuesto tiene consecuencias severas para otros productores,  quienes tienen que lidiar con estas súper malezas con la aplicación de otros herbicidas de complemento para controlarlas. Al observar el uso de agrotóxicos en los últimos 10 años,  se ven incrementos alarmantes en el uso de herbicidas, fungicidas, insecticidas y fertilizantes sintéticos que llegan a 130 millones de kilos que se han importado el año 2016 a un costo que llega 237 millones de dólares americanos, en el año 2016. Esto sin contar que un 30% ingresa por contrabando, según estimaciones del  Senasag.


De la misma manera, observamos que el uso desmedido de agrotóxicos que se aplican diariamente,  no es bueno para el consumidor y peor para el productor que lo aplica. Miremos algunos de los agrotóxicos de uso común en Bolivia comenzando con el herbicida Paraquat, que se aplica para desecar la soya transgénica.

El Paraquat (Gramoxone entre otros nombres) es un herbicida altamente tóxico que en el 2011 ha sido declarado como un causante de la enfermedad de Parkinson en productores agrícolas por el Instituto Nacional de Salud de EEUU (NIH, por su sigla en inglés). Un meta-análisis en el 2013,  encontró que existe un riesgo de incremento del doble en contraer Parkinson por productores que utilizan este agrotóxico. En la Unión Europea, este agrotóxico ha sido prohibido desde el 2007, pero como se puede observar en los anuncios publicitarios en las zonas productivas de Santa Cruz, este agrotóxico es común, corriente y de uso general.

Preguntamos: ¿existe monitoreo de la aplicación de este producto que debería ser prohibido y si los productores del país entienden el riesgo a su salud así como también los mismos consumidores? ¿Existe información sobre la tasa de aplicación y cuánto de este producto termina en los alimentos que se consumen en Bolivia?

Entre otros agrotóxicos asociados al glifosato, y por lo tanto a los transgénicos que están prohibidos internacionalmente pero de uso generalizado en Santa Cruz, está el 2,4 D desarrollado por DOW Chemical. El 2,4 D ha sido clasificado como un posible cancerígeno y estudios de laboratorio sugieren que el 2,4-D impide la acción normal de los estrógenos, los andrógenos y, lo más concluyente, las hormonas tiroideas. Otro problema serio de este agrotóxico es que se acumula en el medioambiente y ya se lo encuentra en acuíferos y agua potable en países como Australia, un país con sistemas de monitoreo y regulación que aún son inexistentes en Bolivia.

Y por último miremos al glifosato. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC, por su sigla en inglés),  clasificó el glifosato como un potencial cancerígeno en el año 2015. Luego, en el mismo año, la Autoridad Europea sobre Seguridad Alimentaria (EFSA, por su sigla en inglés https://www.efsa.europa.eu/) declara que el glifosato no demostraba ser cancerígeno; de esta manera se dio  un debate feroz sobre la inocuidad del glifosato en la comunidad científica. ¿Cómo pueden haber llegado a conclusiones distintas estas dos organizaciones? Para comenzar, el IARC examinó estudios que evaluaban los herbicidas que tiene como ingrediente activo el glifosato es decir todos los ingredientes del compuesto, por ejemplo el producto Roundup Ready que tiene 48% de glifosato y el 52% restante son otros compuestos químicos. Mientras la EFSA evaluó únicamente el principio activo, es decir, la molécula química glifosato sin considerar estudios que examinaban el herbicida en su totalidad, como lo hizo el IARC (http://www.nature.com/news/debate-rages-over-herbicide-s-cancer-risk-1.18794). Adicionalmente, el IARC utilizó únicamente estudios que demostraban fuentes de financiamiento objetivas y públicos.

El EFSA, por otra parte, utilizó los estudios de las empresas que evalúan sólo el principio activo: el glifosato, y que además no son públicos porque están protegidos por el secreto industrial, es decir estudios que no han sido analizados en debates científicos abiertos y tampoco la EFSA ha compartido estos estudios para justificar su decisión, ganándose críticas y acusaciones de injerencias por parte de las industrias de herbicidas que perduran hasta el día de hoy (https://amp.theguardian.com/environment/2017/may/24/eu-declared-monsanto-weedkiller-safe-after-intervention-from-controversial-us-official). Lo anterior nos demuestra que existió un velado interés de los  fabricantes como Monsanto,  de que no se utilicen estudios integrales y completos.

Concluimos entonces que en Bolivia, las aseveraciones de los beneficios del uso de transgénicos expuestos en numerosas opiniones periodísticas por voceros de los agronegocios, no ha logrado consolidarse tal como afirman dichos voceros, porque según las experiencias de 10 años con la soya transgénica, los rendimientos siguen iguales a la soya convencional, se ha incrementado el uso de agrotóxicos, especialmente herbicidas, fungicidas y fertilizantes sintéticos y lo peor, se ha generado malezas resistentes al glifosato. En este sentido, preguntamos: ¿cuál sería la situación si se dejan entrar otros cultivos transgénicos y más eventos transgénicos? La respuesta: Sóplo mayores impactos socioambientales y alimentos más tóxicos. 

Finalmente queremos mencionar  el comentario del Dr. Philip Stark, decano asociado de la división de ciencias matemáticas y físicas y profesor de estadística de la Universidad de California en Berkeley, quien reveló en Twitter su propio análisis de la experiencia de los firmantes Premio Nobel quienes en una carta abogan por los transgénicos, específicamente el arroz dorado que aún no se encuentra en producción: "Un premio de la paz, 8 economistas, 24 físicos, 33 químicos, 41 médicos”. Añadió que la ciencia se fundamente en lo que es  " la evidencia y no en la autoridad. ¿Qué saben dichos premios Nobel de agricultura? ¿Han hecho la investigación pertinente?

La ciencia se supone que es "mostrame", no "confiar en mí" sea premio Nobel o no.”

Lo que está ocurriendo en Bolivia con la soya transgénica, es eso. Una demostración real y concreta de los serios impactos socioambientales y productivos que están generando los cultivos transgénicos. Decir lo contrario, son meras especulaciones. 

COMITÉ CIENTIFICO DE BIOTECNOLOGIA



jueves, 25 de mayo de 2017

Nueva amenaza a la seguridad y soberanía alimentaria en Bolivia
PROBIOMA·MIÉRCOLES, 8 DE JUNIO DE 2016

En las últimas semanas los medios de comunicación han difundido la posición del sector del agronegocio en Bolivia que, ante las pérdidas de los cultivos de soya y maíz por el ataque de plagas, como es el caso del cogollero (Spodoptera frugiperda), ha montado un show mediático con el propósito de presionar al gobierno para que se apruebe la introducción del maíz transgénico (Bt) y un nuevo evento de soya transgénica.

Cabe aclarar, que el ataque de plagas se produce porque no se han tomado medidas preventivas de control y/o porque los efectos del cambio climático, como es el caso de la sequía o escasez de lluvias, hacen que las mismas se incrementen. Esto es lo que ha ocurrido en los predios en los que el ataque de dicha plaga se presentó.

Es de conocimiento que cualquier medida de control y de mejora del rendimiento, depende de la calidad del manejo del cultivo, los suelos, del clima y de la semilla. En el caso de las semillas transgénicas, estas han sido diseñadas solo para ser tolerantes a determinados herbicidas y/o producir su propio insecticida. El más claro ejemplo es la soya que, a 12 años de haberse introducido la semilla de soya transgénica, los rendimientos se mantienen en los mismos niveles que la semilla convencional, lo que sí se ha incrementado es el uso de herbicidas e insecticidas en un 400%.

Por todo lo anterior, no se justifica la introducción de transgénicos en Bolivia, para resolver la crisis del agronegocio que se ha agudizado por la aplicación de su propio modelo que es insostenible y depredador del medio ambiente. Por lo tanto, el argumento de que para frenar el ataque del gusano cogollero en el cultivo de maíz es preciso introducir el maíz transgénico, es una falacia porque si se aprueba no resolverá el problema del ataque de este insecto.

Por otra parte, se vuelve evidente el riesgo de contaminación de las diversas variedades y razas de maíz que existen en Bolivia y que son la base de la dieta alimentaria de las y los bolivianos. Nuestro país es considerado centro de origen secundario de maíz, porque tenemos la mayor cantidad de razas del mundo. Bolivia tiene 77 razas identificadas, le sigue México con 69 , después Perú con 66 y Argentina con 47. Dichas razas nativas están distribuidas en todo el país, desde las tierras altas hasta las tierras bajas de la Chiquitanía, Chaco y Amazonía. Por esta razón es que la introducción del maíz transgénico contaminará irreversiblemente todas nuestras variedades de maíz, atentando aún más contra la seguridad y soberanía alimentaria de los bolivianos.

El argumento de los sectores de la agroindustria que toma como base informes sesgados de la OMS y la FAO, no tiene consistencia científica porque dichas organizaciones no han mencionado que los transgénicos no causen impactos sociales y ambientales. En este sentido, la representación de la FAO en Bolivia deberá aclarar su posición al respecto.
El informe científico de la entidad NAS (National Academy of Sciences) de la que se tomaron los argumentos para que el gobierno boliviano considere la legalización de la introducción del maíz transgénico, establece una posición distinta a quienes promueven los transgénicos en Bolivia. Dicho informe describe que las técnicas usadas en ingeniería genética han dado espacio a cambios inesperados en el genoma en niveles mucho más altos que con las técnicas de cultivos clásicos o convencionales.

Sin embargo, el maíz transgénico, llamado “betito” ha sido introducido ilegalmente al país y se estima que existen al menos 40.000 hectáreas sembradas en el Chaco y en el norte integrado del departamento de Santa Cruz. Esta es una vieja estrategia ya empleada antes para la introducción de la soya transgénica. Es decir, inundar los campos con transgénicos para después presionar al gobierno para su legalización ante los hechos consumados.
El gobierno en el día del Medio Ambiente nos ha “regalado” el reglamento del Decreto Supremo 2452 sobre el etiquetado de alimentos transgénicos, que no va modificar en nada los actuales cultivos de estos en el país, por el contrario los agronegocios lo están utilizando para presionar la legalización de más cultivos transgénicos, con el argumento que los consumidores están informados, por lo tanto que ellos decidan libremente en el mercado. En la cumbre agropecuaria del 2015 se revivió el etiquetado que ya estaba contemplado en la Ley de la REVOLUCIÓN PRODUCTIVA COMUNITARIA AGROPECUARIA del año 2011(artículo 15, numeral 3) que nunca se aplicó.

Ahora con el rimbombante termino de Organismo Genéticamente Modificado quieren enterrar el termino de transgénicos que se usa ampliamente y es conocido por los consumidores, asimismo la etiqueta se cambió de rojo al amarillo porque ofendía a los agronegocios. En este sentido, el etiquetado se convierte en el caballo de Troya de los agronegocios y del gobierno para avanzar en la legalización de más cultivos transgénicos en el país.

Por lo mencionado, hacemos un llamado, a las organizaciones de la sociedad civil, consumidores y agricultores a pronunciarse y movilizarse al respecto, ya que este nuevo atentado a la seguridad y soberanía alimentaria bajo argumentos falsos, no debe ser permitido y el gobierno debe establecer una posición clara de no permitir el ingreso de transgénicos a Bolivia y sancionar a todos los que han introducido y sembrado ilegalmente maíz transgénico, en el marco de lo establecido por la CPE, la Ley de la Revolución Productiva, la Ley de la Madre Tierra, etc.
Santa Cruz, 07 de Junio del 2016

POR LA PLATAFORMA AGROECOLÓGICA DEL TRÓPICO Y CHACO
PROBIOMA Antonio Sanjinez
CIPCA – Santa Cruz Isabel Mamani
CODAPMA Alejandra Crespo
Consumidores Rodrigo Lampasona
INCADE Adriana Montero


martes, 6 de octubre de 2015



Se extiende el uso de bioplaguicidas


El inicio del proceso en el laboratorio de PROBIOMA para la obtención de los microorganismos que serán colocados en bandejas para su incubación.

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Eulalio Grimaldes J. (EL DEBER RURAL)


Uno de los problemas de la agricultura tiene que ver con las pérdidas considerables que genera el ataque de plagas a los sembradíos. Por eso, se ha desarrollado una serie de soluciones como los insecticidas químicos. No obstante, su uso indiscriminado ha generado contaminación del ecosistema. A raíz de esto se han desarrollado los bioinsecticidas o biopesticidas, una alternativa amigable con el medioambiente. 

En los últimos 17 años se han fumigado con pesticidas orgánicos en todo el país un total de 391.074 hectáreas. Durante ese mismo periodo se sustituyeron 262.555 litros de agroquímicos (ver infografía). 

En 1998 se fumigaron 318 hectáreas y en 2014 se dio el salto hasta llegar a las 63.979 hectáreas. 

Los bioinsecticidas tienen distintos orígenes, y entre los principales están el microbiano y el bioquímico. 

Su utilización tiene grandes beneficios para el mundo en general, ya que poseen una nula o mínima toxicidad para todos los seres vivos y la tierra, manteniendo su efectividad en el combate de las plagas. 

Laboratorio 

Desde hace más de 20 años PROBIOMA realiza investigaciones para desarrollar una opción para los plaguicidas químicos y ha logrado importantes avances en este segmento, elaborando productos certificados para la utilización en cultivos, según asegura su director, Miguel Ángel Crespo. 

“A mediados de los 90 había poca investigación sobre los plaguicidas orgánicos, solo algunas tesis universitarias y estudios menores, por eso nos animamos a encarar esta empresa y empezamos casi desde cero”, señala Crespo, que se muestra satisfecho con lo alcanzado hasta ahora. 

El director de PROBIOMA indica que en el mercado nacional no habían los implementos necesarios para armar un laboratorio específico. No obstante, para consolidar el proyecto tuvieron que encargar a empresas de metalmecánica y de plásticos, que les fabriquen varias piezas. “Tuvimos que inventar algunos equipos que hasta hoy seguimos utilizando”, agrega Crespo, que asegura que los precios de los biopesticidas son un 5% o 10% más que el de los químicos, pero que al final el beneficio es mayor. 

Productos 

Actualmente PROBIOMA tiene pesticidas orgánicos para diferentes cultivos. PROBIOMET, es un controlador biológico de plagas agrícolas certificado, producido a base de un hongo entomopatógeno que es enemigo natural de plagas que pertenecen al orden de los coleópteros, lepidópteros y hemípteros. Es uno de los productos estrella del laboratorio. 

Se utilizan 100 gramos de probiomet, que cuestan Bs 120, por hectárea para controlar plagas como la anticarsia, salivazo, cigarrita y el gusano cogollero, en cultivos de hortalizas, cítricos, soya, maíz, frejol, frutales, papa, trigo, sésamo, quinua, pastos, ají, tomate, girasol, arroz, caña de azúcar y algodón. 

El TRICODAMP es un producto a base del hongo trichoderma spp, antagonista natural de hongos fitopatógenos, especialista en el control de enfermedades en el suelo. 

Es también un biorremediador ya que degrada agentes tóxicos y desechos peligrosos. 

El PROBIOBASS es un producto a base de un hongo entomapatógeno que controla diversas plagas como ser: chinches, picudos, brocas, gorgojos, escarabajos, gusanos, etc. 

En el laboratorio también se produce el BIOGAL, un abono foliar orgánico elaborado a base de gallinaza, estiércol, melaza, leche, chacahuano y otros ingredientes que tienen todos los macro y micronutrientes esenciales para una buena producción, con resultados superiores a los abonos químicos. 

Experiencias 

Erick Belmonte, un productor de sorgo y soya, asegura que los bioinsecticidas son efectivos pero que no los utiliza debido a su costo. “Hace años eran más caros que los insecticidas químicos. Solo los utilizo para cultivar lechuga a pequeña escala”. 


Por su parte, Jean Carlo Landívar señala que utiliza insectos en sus cultivos. “Hay actualmente una ola ecológica que debemos acrecentar para que obtengamos alimentos más saludables”.


http://www.eldeber.com.bo/especiales/extiende-bioplaguicidas.html

viernes, 27 de septiembre de 2013


En Filipinas, Agricultores de maíz OGM Endeudados

Desde el principio, siempre ha habido preocupación sobre los estragos que los cultivos OGM (Organismos Genéticamente Modificados) pueden estar teniendo en el ambiente y los efectos de salud que podrían tener en los consumidores. El aspecto financiero/ material- mayor producción, más gente alimentada, etc.- parece ser el factor redentor.  

Siempre ha habido protestas en contra de la “invasión” y producción de maíz y berenjena Bt. Bt significa Bacillus thuringiensis, el organismo donante en las plantas genéticamente manipuladas. Los que protestan son a veces etiquetados de “puristas” que se ponen en el camino del avance de la ciencia.

Entre los defensores de los productos agrícolas libres de OGMs están Masipag (Magsasaka at Siyentipiko para sa Pag-Unlad ng Agrikultura) y Greenpeace.  Masipag es una red de grupos de agricultores, científicos y ONGs que apuntan a mejorar la calidad de vida del agricultor “a través del control de sus recursos genéticos, tecnología agrícola y conocimientos asociados.” Y están los grupos de consumidores que ahora están levantando la voz para asegurarse que la comida en su mesa sea libre de OGMs.  

Masipag recientemente ha publicado un libro el cual explica los efectos adversos del maíz OGM en agricultores, y muestra “evidencia del fracaso” de lo que se suponía que daría a los agricultores mayor producción y mejores ingresos. El libro,  “Impacto Socioeconómico de Maíz GM en Filipinas,” es una revelación para aquellos que parecen enamorados con las llamadas variedades de alta producción que prometen alimentar a los hambrientos de este mundo.  

El Dr. Chito Medina, coordinador nacional de Masipag, dice en el prefacio del libro: “Los promotores de los cultivos GM siempre recitan una letanía de beneficios, incluyendo mejor producción, menos uso de pesticidas, menos intensidad de trabajo y mejores ganancias para los agricultores a pesar de la falta de evidencia suficiente.” Estos supuestos beneficios son promovidos sin considerar otros factores socio- económicos, añade. Y mientras la evidencia de los efectos adversos de los OGMs en la salud y el ambiente se acumulan, los datos del impacto socio- económico de los OGMs son rara vez y dramáticamente descubiertos, subraya.

El libro expone la explotación de agricultores pobres por parte de los comerciantes de maíz locales quienes, declara Masipag,  “juegan un rol en la proliferación de los OGMs y los cambios en la estructura de posesión y control de las tierras, recursos naturales y genéticos como resultado de la producción de maíz OGM. ”El libro también expone cómo las corporaciones agroquímicas transnacionales están obteniendo grandes beneficios de las semillas GM y los insumos químicos.  

El gobierno filipino ha aprobado la propagación comercial del maíz Bt hace unos 10 años. Masipag dice, “desde ese entonces, ocho variedades de maíz OGM han sido aprobadas para propagación comercial en la forma de maíz Bt, maíz RR y una combinación de rasgos piramidales y apilados de los mismos eventos transformativos GM. En el mismo período, 59 cosechas/ eventos OGM también han sido aprobados para importación para uso directo como alimento, alimento para animales o para procesamiento.”

Masipag añade y advierte que los alimentos OGM tales como la berenjena Bt y el Arroz Dorado también han sido “testeados en campo” y se espera que estén listos para su comercialización.

En el año 2000, afirma el libro, los agricultores fueron seducidos por el precio introductorio del maíz GM el cual era casi el mismo que el maíz híbrido regular. Cita el caso de Cuartero, Capiz, donde el maíz Roundup Ready GM (maíz RR) costaba sólo P$2,800 por bolsa de 18 kilos, lo cual sirve para una hectárea. En 2008, el costo se elevó a  P$ 4,600 por una bolsa de 9 kilos y P$9,200 por dos bolsas de semillas de maíz RR. Los precios de los fertilizantes y pesticidas también han incrementado.

Los agricultores recurrieron a los comerciantes y prestamistas para préstamos con intereses en un rango de 20 a 40% durante los cuatro meses de la temporada de cosecha. También se vieron obligados a vender a los comerciantes a precios más bajos que el mercado.  

Al final, los insumos (semillas, fertilizantes, pesticidas) consumían alrededor del 40 a  48% de los gastos totales del agricultor por temporada. Y todo esto iba a los comerciantes/financistas de maíz y corporaciones agroquímicas. Los agricultores que no pueden pagar terminan perdiendo el control de sus tierras, o perdiéndolas con el fin de evadir problemas legales.

Como dijo un agricultor de Pangasinan, “Nakain mo na, di mo pa naani.” (Ya has consumido lo que aun no has cosechado.) Terminan acarreando bolsas vacías. Para citar de nuevo a un agricultor quien hizo explotar en risas e ira al público: “Kaming magsasaka, naging magsasako.”

La investigación de Masipag fue conducida desde febrero hasta marzo del 2012.  Masipag condujo grupos de discusión enfocados (FGDs) con agricultores de maíz y entrevistas con informantes clave (líderes comunales, oficiales gubernamentales locales y regionales, agricultores municipales y oficiales regionales del Departamento de Agricultura). Un total de 166 agricultores participaron en los FGDs en áreas de casos compuestas por 12 barangays y siete provincias productoras de maíz GM en Luzon (4), Visayas (4) y Mindanao (4). Las provincias de Isabela, Pangasinan, Bukidnon, Sultan Kudarat y South Cotabato pertenecen a las 10 principales provincias productoras de maíz, Isabela posee el 34% de las hectáreas del área de maíz GM en Filipinas.

Para más inquietantes descubrimientos de la investigación de Masipag, visite su página webhttp://masipag.org/

Greepeace da su propia lucha en contra de la berenjena Bt, el Arroz Dorado y otras “invasiones OGM” en las cortes (Greenpeace, Masipag et al. versus UPLBFI, UPLB-IPB, DENR-EMB. DA-BPI and PFA).