lunes, 30 de octubre de 2017

Vinculan enfermedades con el uso de agrotóxicos en zonas agrícolas


El estudio se hizo en Argentina en áreas de producción de alimentos transgénicos. En Santa Cruz, el IBCE dice que en 20 años de uso de esta tecnología no hubo muerte

24 de octubre de 2017



El cultivo de alimentos transgénicos acompañado del uso de  agrotóxicos y su impacto en la salud humana fue uno de los temas que se tocaron la semana pasada en un seminario para periodistas realizado en Santa Cruz, promovido por Productividad, Biósfera y Medio Ambiente (Probioma).
En el encuentro internacional participaron expositores de varios países, que denostaron el modelo productivo con semillas modificadas genéticamente y el uso de herbicidas. Miguel Crespo, director de Probioma, alertó que en Santa Cruz, donde se siembra soya transgénica, se corre el riesgo de contaminar semillas orgánicas de maíz y de otros granos con la importación de especies transgénicas y se pone en peligro la salud de las personas que viven cerca de los sembradíos.
Entre los conferencistas estuvo Gabriel Keppl, médico docente del Instituto de Salud Socioambiental de la facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Rosario (Argentina), quien habló de la incidencia de los agrotóxicos en la salud a partir de estudios realizados en zonas agrícolas de su país.

Pueblos fumigados

Keppl explicó que estudiantes de Medicina de la ‘U’ de Rosario realizaron campamentos sanitarios de una semana en poblaciones de poco más de 10.000 habitantes para realizar un relevamiento epidemiológico en los habitantes.

En junio de este año, en la San Antonio de Areco (norte bonaerense) los estudiantes realizaron encuestas. Al final presentaron resultados preliminares: de los 3.064 hogares consultados, respondieron el 47%; entre los problemas de salud, el último año detectaron hipertensión arterial (9,6%), hipotiroidismo (3,1%), diabetes (2,7%) y colesterol y grasas (1,9%).

En los problemas de salud identificados sobresalen el cáncer, con el 40%; enfermedades respiratorias, el 7%, y drogas el 5%.

En Malabrigo, al noreste de la provincia de Santa Fe, un médico hizo estudios durante años y en 1994 registró 12 casos de malformaciones en niños sobre 150 nacimientos; es decir, casi uno de cada 10 nacidos presentaba malformaciones congénitas. La tasa nacional de malformaciones en Argentina hasta 2010 era de
1,4 por cada 10.000 nacidos.

La experiencia emblemática en Argentina fue la de las Madres del barrio Ituizangó (Córdoba), que, en 2002 salieron a las calles para reclamar atención sanitaria ante la cantidad de enfermos. El movimiento georreferenció casos de cáncer, malformación y otros males aparentemente vinculados a la fumigación con agrotóxicos y tras casi 10 años de lucha lograron ampliar el margen de distancia entre las viviendas y los cultivos. En 2012 obtuvieron condenas para los productores que hacían las fumigaciones cerca de sus casas.

Versión a favor

Gary Antonio Rodríguez, gerente general del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), dijo que en 20 años de consumo de alimentos transgénicos no se ha registrado una sola muerte.

"Decenas han muerto por comer alimentos orgánicos contaminados (vea Google), eso ocultan los activistas por sus intereses personales y comerciales.
Despotrican contra los plaguicidas, denigran la transgénesis que apunta a bajar su uso y esgrimen estudios fraudulentos o no científicos para atemorizar a la gente, mientras que 127 Premios Nobel dicen que los transgénicos son seguros y amigables con el medioambiente: supportprecisionagriculture.org. Si la salud de su hijo dependiera de la opinión de un especialista, ¿consultaría usted a un activista o a los mejores médicos, físicos o químicos del mundo?", preguntó Rodriguez. 

INIAF: Biotecnología sí, transgénicos no

lunes, 5 de junio de 2017

Miguel Ángel Crespo: “Hay demanda de alimentos sin transgénicos”


Experto. Administrador de empresas  de profesión, Miguel Ángel Crespo incursionó en la investigación e innovación tecnológica de la biodiversidad con la meta de promover la administración sostenible de los recursos naturales. Es director de Probioma (Productividad Biósfera Medio Ambiente)





Miguel Ángel sostiene que Probioma no es una institución conservacionista, tampoco es una organización desarrollista, sino más bien combina lo que es la conservación con el desarrollo sostenible. En este orden, asegura de que no es partidario de los Organismos Genéticamente Modificados (OGM).

_ En un encuentro continental en Colombia un grupo de científicos destacó que es ineludible la necesidad de transgénicos en el planeta, porque el reto es mayor producción agrícola en menor tierra. ¿Cuál su criterio al respecto?
Los transgénicos fueron diseñados para tolerar herbicidas y producir su propio insecticida, no para tener mayor rendimiento. Mejores rendimientos se obtienen trabajando con el germoplasma, que significa mejorar variedades para llegar a su máximo potencial. Eso no lo hace la tecnología de los transgénicos. De hecho en nuestro país existe mucha experiencia desde hace varias décadas en el mejoramiento de semillas de soya, maíz, frejol, papa, trigo y  otros. Esta experiencia tiende a perderse porque lo transgénico viene  patentado por las corporaciones. 
Dicho encuentro y sus conclusiones van en contramarcha con la tendencia mundial en la producción de alimentos. Con un planeta que está con la crisis climática, energética y alimentaria, es una necesidad la producción de alimentos sanos que no provengan de impactos sociales, ambientales y de una agricultura ecológica que es sostenible.

_ Una biotecnóloga argentina dice que la oposición a la modificación de cultivos mediante la ingeniería genética se da por un lado por el afán de generar desinformación y por causas políticas, ideológicas o culturales.
Esa afirmación habría que atribuirla  a quienes promueven los transgénicos. La tendencia mundial que va acompañada con estudios y evidencias de la propia OMS, es evidente en cuanto al impacto de los mismos en la salud humana. Hay demanda creciente de alimentos sin transgénicos, ni agrotóxicos. Eso es una demostración  elocuente. Nuestro país es muy rico en recursos genéticos de alto valor nutritivo que no son promovidos y que están desapareciendo con el avance de la frontera agrícola por la implementación de un modelo que no es sostenible. Solo en la Amazonia boliviana tenemos más de 140 frutas silvestres en peligro de desaparición y estamos importando más de 150 alimentos que antes producíamos.

Es más, se desinforma cuando se dice que oponerse a los transgénicos es oponerse a la biotecnología y por lo tanto al desarrollo tecnológico. Esto no es cierto, porque la biotecnología nace hace más de 3.000 años con los asirios y sumerios que fabricaban quesos, vinos y otros. Es biotecnología la producción de yogur, la deshidratación de alimentos, el control biológico, el mejoramiento genético de plantas y animales. En este contexto, la transgénesis es una parte de la ingeniería genética y esta forma parte de la biotecnología. Eso no mencionan quienes promueven los transgénicos y eso denota que existen intereses económicos que desinforman a la opinión pública. 

_ Hay informaciones sobre ventajas en el uso de transgénicos frente a los cultivos convencionales, porque permite usar el agua, el suelo y los nutrientes con mayor eficiencia.
Eso no es cierto. En los últimos años la ampliación de la frontera agrícola se ha dado por la baja de la fertilidad de los suelos, producto de las aplicaciones de los herbicidas asociados a los transgénicos que han generado la resistencia de malezas de las que tenemos ocho en Bolivia. Ello obligó a la aplicación de otros herbicidas de complemento, para hoja ancha y gramíneas (Saflufenacil y Diclosulam), así como para la desecación con el  Paraquat,  que está prohibido en muchos países, porque ha llevado a la eliminación de la microfauna que aporta a la dinámica que promueve la fertilidad y los nutrientes de los suelos.  La aplicación de estos y otros herbicidas ha llevado a que se afecte con enfermedades de suelo a otros cultivos que no son el objetivo, como es el caso del girasol que es afectado permanentemente por la Esclerotinia. Según datos del INE, el 63% de las comunidades cruceñas afirman que sus aguas están contaminadas con agrotóxicos. A escala nacional es el 40%. 

_ Se menciona que los transgénicos no causan daño a la salud según investigaciones desde hace 20 años.
Los problemas de insuficiencia renal, autismo y cáncer que se incrementaron en el país y en el departamento de Santa Cruz, sobre todo en las zonas agrícolas, son una evidencia concreta. Además, están los datos de la OMS (2015) que clasifica en la categoría 2A de toxicidad cancerígena al herbicida Glifosato.
Entonces, la pregunta que surge frente a esta situación es, ¿por qué en muchos países existe el etiquetado de alimentos transgénicos? Justamente porque es una demanda que surge del actor principal que es el consumidor, ello sin desmerecer que es el productor uno de los mayores perjudicados, porque se vuelve cada vez más dependiente del paquete tecnológico de las semillas y de los agrotóxicos.  
http://www.eldeber.com.bo/rural/Miguel-Angel-Crespo-Hay-demanda-de-alimentos-sin-transgenicos-20170604-0024.html
Comunarios reciben resoluciones para consulta previa sin conocer los proyectos mineros

       
Comunarios de San Lorenzo Viejo, Naranjos y Motacucito, ubicados en el municipio de Roboré, en la provincia Chiquitos, han recibido dos resoluciones para la realización de consultas previas para explotar minerales en esa zona; sin embargo, en ningún momento las empresas interesadas en esa explotación les brindaron información acerca de los proyectos.
De acuerdo a la normativa legal, la empresa interesada en desarrollar minería en un territorio debe presentar a los habitantes del lugar, el perfil del proyecto, los planos y toda la información correspondiente para que los comunarios conozcan de qué trata el trabajo que la empresa pretende realizar y de esa manera cuando se haga la consulta previa, ellos tengan elementos para negociar.
La Autoridad Jurisdiccional Administrativa Minera (AJAM) ha sido la encargada de entregar dichas resoluciones en diferentes fechas y todas para explotación en el área protegida de Tucabaca. Primero lo hizo el 12 de mayo a comunarios de San Lorenzo Viejo y Naranjos, en el documento entregado se indica que la empresa Sidereste es la interesada en solicitar la licencia de explotación. La consulta estaba prevista para el jueves 25 de mayo con ambas comunidades. Como era un día laboral, los habitantes de las dos poblaciones dejaron de hacer sus actividades y dedicaron media jornada para esperar a los interesados en la consulta. La espera fue en vano, pues los interesados no aparecieron ni se comunicaron para dar explicaciones o pedir disculpas. Los comunarios de San Lorenzo Viejo y Naranjos se sienten burlados por esa actitud de la empresa y de la AJAM.
Días después, comunarios de Motacucito recibieron una resolución para la realización de consulta previa el 24 de junio de este año, la empresa solicitante es GB Minerales y Agregados S.A. Sin embargo, hasta este 2 de junio, los motacuceños todavía no habían recibido ningún tipo de documentación acerca del proyecto que se realizará en su territorio.
Es importante mencionar que estos proyectos mineros que tienen el aval de la AJAM, una entidad del gobierno nacional, pretenden ingresar en el área protegida de Tucabaca, cuando según la normativa ambiental es prohibido hacerlo. Además, en ambos casos no se respeta la CPE porque no se toma en cuenta a todas las poblaciones que serán afectadas por los proyectos mineros, como es el caso de la comunidad de San Lorenzo Nuevo.
2 de junio de 2017

jueves, 1 de junio de 2017

PROBIOMA, 27 años de trabajo socioambiental


La institución desarrolla acciones en comunidades campesinas e indígenas en el departamento de Santa Cruz y ofrece capacitación en temáticas relacionadas con la agroecología y, gestión de la biodiversidad y agua.
Este 20 de mayo Productividad Biosfera y Medio Ambiente (PROBIOMA) cumple 27 años de trabajo al servicio de la ciudadanía y el cuidado del medioambiente. El enfoque socioambiental es lo que caracteriza a la institución que a lo largo de su historia ha superado obstáculos y enfrentado desafíos de todo tipo.
PROBIOMA se fundó en 1990 en un contexto de crisis ambiental, producido por las prácticas insostenibles del modelo de producción agrícola, que implica uso excesivo de agroquímicos, avance de la frontera agrícola sin planificación, uso de semillas transgénicas, destrucción y privatización de los recursos de la biodiversidad, deforestación, etc.
En estos 27 años se han desarrollado importantes acciones en sus dos áreas de trabajo: Agroecología y, Gestión de la Biodiversidad y Agua. Bajo la misión de: “Contribuir al desarrollo nacional desde la investigación y promoción de la agricultura ecológica, la soberanía alimentaria, la remediación ambiental y la administración soberana y sostenible de los Recursos Naturales y de la Biodiversidad”; se han conseguido importantes logros en el fortalecimiento organizativo de poblaciones locales, para el monitoreo socioambiental de megaproyectos de infraestructura y minería en el sudeste boliviano y, en el desarrollo e implementación de alternativas científicas para la implementación de la agroecología y así fortalecer la seguridad y soberanía alimentaria de Bolivia.
Entre los principales logros de PROBIOMA se pueden mencionar los siguientes:
  • Aporte con alternativas técnicas para la implementación del manejo ecológico de plagas en más de 60 cultivos, tanto intensivos como extensivos, que son la base de la seguridad y soberanía alimentaria del país, toda esta biotecnología se ha desarrollado en el marco del control biológico.
  • Apoyo a la implementación del control biológico en más de 500 mil hectáreas en todo el país, que han sido cubiertas con productos biológicos y orgánicos, sustituyendo más de 320 mil litros de agroquímicos que no han envenenado el medio ambiente, los suelos y las personas.
  • Capacitación y asistencia técnica permanente en manejo ecológico de cultivos, forestería análoga y cromatografía de suelos.
  • Apoyo para el desarrollo de criterios de responsabilidad social y ambiental en la producción de soya, maíz y quinua.
  • Fomento y fortalecimiento a la producción de cultivos libres de transgénicos.
  • Aporte a la consolidación del discurso socioambiental, mediante la elaboración de una propuesta campesina de administración del parque nacional Amboró y el apoyo a proyectos de ecoturismo comunitario.
  • Fortalecimiento de capacidades de comunidades de la Chiquitania y el Pantanal para el control y monitoreo de impactos socioambientales de megaproyectos IIRSA y otros proyectos de infraestructura en la región: hidrovía Paraná - Paraguay, gasoducto Bolivia - Brasil, gasoducto Río San Miguel - Cuiabá y carretera Santa Cruz - Puerto Suárez.
  • Apoyo a la conformación de Comités de Fiscalización Socio Ambiental en la Chiquitania y el Pantanal como instancias de participación de la sociedad civil en el monitoreo a megaproyectos.
  • Formación de activistas ambientales jóvenes en la Chiquitania y Pantanal, así como de guías de turismo, con una visión empoderamiento sobre la riqueza natural y biodiversidad de su región.
  • Impulso y acompañamiento a la declaratoria de Chochis como Patrimonio Cultural y Natural.
  • Posicionarse como un referente regional en el seguimiento a proyectos mineros y derechos de las comunidades locales frente a actividades extractivas como minera en la Chiquitania y Pantanal boliviano.
  • Más de 20 años de emisión del Programa Nuestros Conocimientos, difundido por Radio Santa Cruz, como fuente de información en temas productivos y ambientales que afectan al oriente boliviano.
  • Genera información confiable a partir de procesos de investigación participativa sobre la problemática del agronegocio en Bolivia y los impactos de actividades extractivistas en Santa Cruz.
  • A nivel regional y mundial, PROBIOMA forma parte de plataformas internacionales como: Alianza Pantanal Sin Límites, Alianza Movilizando Semillas de Vida, Alianza Internacional de Pequeños Productores de Soya y de la Agricultura Familiar (AISAF), ALOP, Alianza Sistema Paraguay – Paraná, Red Internacional de Forestería Análoga (RIFA) y Drynet.


LOS ORGANISMOS GENÉTICAMENTE MODIFICADOS Y LOS AGROTÓXICOS




Santa Cruz, 31 de Mayo del 2017

Actualmente, algunos sectores de los agronegocios exigen imperativamente que el gobierno boliviano viole la Constitución Política del Estado, 10 leyes, decretos y protocolos internacionales y, permita el ingreso al país de cultivos transgénicos.

Para conocimiento público, los cultivos transgénicos son plantas que contienen información genética de otro organismo,  como bacterias que han sido insertadas y que les da una resistencia a la aplicación de ciertos herbicidas y plaguicidas como el caso del glifosato.

En el caso de Bolivia, se autorizó el cultivo de un sólo evento transgénico, la soya transgénica resistente a la aplicación del Roundup Ready (herbicida que contiene como ingrediente principal al glifosato). Sin embargo, recientemente se ha comprobado la existencia del maíz transgénico que se encuentran en el país de manera ilegal.

Entre los argumentos de los agronegocios para violar la CPE y permitir el ingreso de otros cultivos transgénicos y permitir múltiples eventos (un evento es el caso donde un cultivo tendría más de un gen trasplantado para soportar más de un herbicida o plaguicida), está la protección a los cultivos de plagas y malezas, mayor rendimiento del cultivo y menor uso de herbicidas e insecticidas que sería un aporte para la salud del productor y consumidor, así como también para el medioambiente (Ref.: Nota de prensa, EL DEBER: 28-05-2017,  G. Rodríguez).

Al respecto, vale la pena evaluar las lecciones aprendidas de lo que se ha visto en los últimos 10 años con el cultivo de soya transgénica. Miremos entonces si es que la introducción y producción  masiva de soya transgénica han llevado a la reducción en uso de agrotóxicos, mayores rendimientos y protección al medioambiente, como indican los voceros de los agronegocios y preguntemos, “¿a quién creer?”.

En el caso de los rendimientos, son varios los factores que conllevan a incrementar los mismos en la producción agrícola. Un análisis profundo e integral (revisión histórica de estudios científicos sobre un tema específico) realizado por el Departamento de Agricultura de los EEUU (USDA) sobre los transgénicos,  demuestra que esta tecnología no ha cumplido con sus promesas de mejorar rendimientos,  por lo cual esa aseveración de más producción por hectárea con transgénicos es falsa. La mejora de los rendimientos no se da mediante el uso de transgénicos pero sí mediante la aplicación de prácticas de buen manejo de suelos, semillas adecuadas, clima y manejo integrado de plagas.


En Bolivia tenemos como ejemplo el caso de la soya y sus rendimientos. Según datos de varias fuentes (INE, IBCE; CAO y ANAPO), los rendimientos de la soya no superan los rendimientos de hace 10 años cuando se cultivaba la soya convencional. Según los datos del Observatorio Agroambiental de Bolivia,  en promedio el rendimiento de 1990-2004 de la soya convencional llegó a 2,11 toneladas por hectárea,  mientras la soya transgénica desde el 2005 al 2015, el promedio llegó a 2,01 toneladas por hectárea; demostrando que las promesas de mejoras no dieron ni darán frutos, a menos que nuestro país invierta en la investigación e implementación de técnicas que mejoren el cuidado y la fertilidad de los suelos. Por lo tanto, mayor producción no se dará mediante el uso de transgénicos.

Por otra parte, en los cinco países donde mayormente se utilizan los transgénicos como es el caso de los EEUU, existen regulaciones que determinan el uso de ciertos transgénicos y se aplican metodologías rigurosas para determinar las áreas a ser cultivadas. Igualmente se realiza monitoreo minucioso de los cultivos para asegurar que no exista contaminación entre ciertos productos transgénicos que no sean aptos para el consumo humano; ejemplo de la contaminación cruzada entre maíces transgénicos para producción humana y producción de etanol (biocombustible). En los casos donde se ha comprobado contaminación se han eliminado los cultivos transgénicos como por ejemplo, el caso del maíz StarLink.

Como se puede concluir, son inversiones millonarias las que se realizan para controlar y manejar de manera adecuada esta tecnología, y aún así existen cultivos agrícolas que se han convertido en “súper malezas” como es  el caso del amaranto (https://www.scientificamerican.com/article/farmers-fight-explosion-of-superweeds/).

En Bolivia ya se tienen bastantes problemas con la resistencia de malezas al glifosato. Según Weed Science,  existen ocho especies de malezas resistentes reportadas por Bolivia, de las 36 reportadas a nivel mundial desde 1996, en tan sólo 10 años desde la autorización del cultivo de la soya transgénica. Demostrando, nuevamente, que la  implementación de los cultivos de soya transgénica están llevando a un incremento anormal de resistencias de ciertas malezas. Esto, por supuesto tiene consecuencias severas para otros productores,  quienes tienen que lidiar con estas súper malezas con la aplicación de otros herbicidas de complemento para controlarlas. Al observar el uso de agrotóxicos en los últimos 10 años,  se ven incrementos alarmantes en el uso de herbicidas, fungicidas, insecticidas y fertilizantes sintéticos que llegan a 130 millones de kilos que se han importado el año 2016 a un costo que llega 237 millones de dólares americanos, en el año 2016. Esto sin contar que un 30% ingresa por contrabando, según estimaciones del  Senasag.


De la misma manera, observamos que el uso desmedido de agrotóxicos que se aplican diariamente,  no es bueno para el consumidor y peor para el productor que lo aplica. Miremos algunos de los agrotóxicos de uso común en Bolivia comenzando con el herbicida Paraquat, que se aplica para desecar la soya transgénica.

El Paraquat (Gramoxone entre otros nombres) es un herbicida altamente tóxico que en el 2011 ha sido declarado como un causante de la enfermedad de Parkinson en productores agrícolas por el Instituto Nacional de Salud de EEUU (NIH, por su sigla en inglés). Un meta-análisis en el 2013,  encontró que existe un riesgo de incremento del doble en contraer Parkinson por productores que utilizan este agrotóxico. En la Unión Europea, este agrotóxico ha sido prohibido desde el 2007, pero como se puede observar en los anuncios publicitarios en las zonas productivas de Santa Cruz, este agrotóxico es común, corriente y de uso general.

Preguntamos: ¿existe monitoreo de la aplicación de este producto que debería ser prohibido y si los productores del país entienden el riesgo a su salud así como también los mismos consumidores? ¿Existe información sobre la tasa de aplicación y cuánto de este producto termina en los alimentos que se consumen en Bolivia?

Entre otros agrotóxicos asociados al glifosato, y por lo tanto a los transgénicos que están prohibidos internacionalmente pero de uso generalizado en Santa Cruz, está el 2,4 D desarrollado por DOW Chemical. El 2,4 D ha sido clasificado como un posible cancerígeno y estudios de laboratorio sugieren que el 2,4-D impide la acción normal de los estrógenos, los andrógenos y, lo más concluyente, las hormonas tiroideas. Otro problema serio de este agrotóxico es que se acumula en el medioambiente y ya se lo encuentra en acuíferos y agua potable en países como Australia, un país con sistemas de monitoreo y regulación que aún son inexistentes en Bolivia.

Y por último miremos al glifosato. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC, por su sigla en inglés),  clasificó el glifosato como un potencial cancerígeno en el año 2015. Luego, en el mismo año, la Autoridad Europea sobre Seguridad Alimentaria (EFSA, por su sigla en inglés https://www.efsa.europa.eu/) declara que el glifosato no demostraba ser cancerígeno; de esta manera se dio  un debate feroz sobre la inocuidad del glifosato en la comunidad científica. ¿Cómo pueden haber llegado a conclusiones distintas estas dos organizaciones? Para comenzar, el IARC examinó estudios que evaluaban los herbicidas que tiene como ingrediente activo el glifosato es decir todos los ingredientes del compuesto, por ejemplo el producto Roundup Ready que tiene 48% de glifosato y el 52% restante son otros compuestos químicos. Mientras la EFSA evaluó únicamente el principio activo, es decir, la molécula química glifosato sin considerar estudios que examinaban el herbicida en su totalidad, como lo hizo el IARC (http://www.nature.com/news/debate-rages-over-herbicide-s-cancer-risk-1.18794). Adicionalmente, el IARC utilizó únicamente estudios que demostraban fuentes de financiamiento objetivas y públicos.

El EFSA, por otra parte, utilizó los estudios de las empresas que evalúan sólo el principio activo: el glifosato, y que además no son públicos porque están protegidos por el secreto industrial, es decir estudios que no han sido analizados en debates científicos abiertos y tampoco la EFSA ha compartido estos estudios para justificar su decisión, ganándose críticas y acusaciones de injerencias por parte de las industrias de herbicidas que perduran hasta el día de hoy (https://amp.theguardian.com/environment/2017/may/24/eu-declared-monsanto-weedkiller-safe-after-intervention-from-controversial-us-official). Lo anterior nos demuestra que existió un velado interés de los  fabricantes como Monsanto,  de que no se utilicen estudios integrales y completos.

Concluimos entonces que en Bolivia, las aseveraciones de los beneficios del uso de transgénicos expuestos en numerosas opiniones periodísticas por voceros de los agronegocios, no ha logrado consolidarse tal como afirman dichos voceros, porque según las experiencias de 10 años con la soya transgénica, los rendimientos siguen iguales a la soya convencional, se ha incrementado el uso de agrotóxicos, especialmente herbicidas, fungicidas y fertilizantes sintéticos y lo peor, se ha generado malezas resistentes al glifosato. En este sentido, preguntamos: ¿cuál sería la situación si se dejan entrar otros cultivos transgénicos y más eventos transgénicos? La respuesta: Sóplo mayores impactos socioambientales y alimentos más tóxicos. 

Finalmente queremos mencionar  el comentario del Dr. Philip Stark, decano asociado de la división de ciencias matemáticas y físicas y profesor de estadística de la Universidad de California en Berkeley, quien reveló en Twitter su propio análisis de la experiencia de los firmantes Premio Nobel quienes en una carta abogan por los transgénicos, específicamente el arroz dorado que aún no se encuentra en producción: "Un premio de la paz, 8 economistas, 24 físicos, 33 químicos, 41 médicos”. Añadió que la ciencia se fundamente en lo que es  " la evidencia y no en la autoridad. ¿Qué saben dichos premios Nobel de agricultura? ¿Han hecho la investigación pertinente?

La ciencia se supone que es "mostrame", no "confiar en mí" sea premio Nobel o no.”

Lo que está ocurriendo en Bolivia con la soya transgénica, es eso. Una demostración real y concreta de los serios impactos socioambientales y productivos que están generando los cultivos transgénicos. Decir lo contrario, son meras especulaciones. 

COMITÉ CIENTIFICO DE BIOTECNOLOGIA



jueves, 25 de mayo de 2017

Nueva amenaza a la seguridad y soberanía alimentaria en Bolivia
PROBIOMA·MIÉRCOLES, 8 DE JUNIO DE 2016

En las últimas semanas los medios de comunicación han difundido la posición del sector del agronegocio en Bolivia que, ante las pérdidas de los cultivos de soya y maíz por el ataque de plagas, como es el caso del cogollero (Spodoptera frugiperda), ha montado un show mediático con el propósito de presionar al gobierno para que se apruebe la introducción del maíz transgénico (Bt) y un nuevo evento de soya transgénica.

Cabe aclarar, que el ataque de plagas se produce porque no se han tomado medidas preventivas de control y/o porque los efectos del cambio climático, como es el caso de la sequía o escasez de lluvias, hacen que las mismas se incrementen. Esto es lo que ha ocurrido en los predios en los que el ataque de dicha plaga se presentó.

Es de conocimiento que cualquier medida de control y de mejora del rendimiento, depende de la calidad del manejo del cultivo, los suelos, del clima y de la semilla. En el caso de las semillas transgénicas, estas han sido diseñadas solo para ser tolerantes a determinados herbicidas y/o producir su propio insecticida. El más claro ejemplo es la soya que, a 12 años de haberse introducido la semilla de soya transgénica, los rendimientos se mantienen en los mismos niveles que la semilla convencional, lo que sí se ha incrementado es el uso de herbicidas e insecticidas en un 400%.

Por todo lo anterior, no se justifica la introducción de transgénicos en Bolivia, para resolver la crisis del agronegocio que se ha agudizado por la aplicación de su propio modelo que es insostenible y depredador del medio ambiente. Por lo tanto, el argumento de que para frenar el ataque del gusano cogollero en el cultivo de maíz es preciso introducir el maíz transgénico, es una falacia porque si se aprueba no resolverá el problema del ataque de este insecto.

Por otra parte, se vuelve evidente el riesgo de contaminación de las diversas variedades y razas de maíz que existen en Bolivia y que son la base de la dieta alimentaria de las y los bolivianos. Nuestro país es considerado centro de origen secundario de maíz, porque tenemos la mayor cantidad de razas del mundo. Bolivia tiene 77 razas identificadas, le sigue México con 69 , después Perú con 66 y Argentina con 47. Dichas razas nativas están distribuidas en todo el país, desde las tierras altas hasta las tierras bajas de la Chiquitanía, Chaco y Amazonía. Por esta razón es que la introducción del maíz transgénico contaminará irreversiblemente todas nuestras variedades de maíz, atentando aún más contra la seguridad y soberanía alimentaria de los bolivianos.

El argumento de los sectores de la agroindustria que toma como base informes sesgados de la OMS y la FAO, no tiene consistencia científica porque dichas organizaciones no han mencionado que los transgénicos no causen impactos sociales y ambientales. En este sentido, la representación de la FAO en Bolivia deberá aclarar su posición al respecto.
El informe científico de la entidad NAS (National Academy of Sciences) de la que se tomaron los argumentos para que el gobierno boliviano considere la legalización de la introducción del maíz transgénico, establece una posición distinta a quienes promueven los transgénicos en Bolivia. Dicho informe describe que las técnicas usadas en ingeniería genética han dado espacio a cambios inesperados en el genoma en niveles mucho más altos que con las técnicas de cultivos clásicos o convencionales.

Sin embargo, el maíz transgénico, llamado “betito” ha sido introducido ilegalmente al país y se estima que existen al menos 40.000 hectáreas sembradas en el Chaco y en el norte integrado del departamento de Santa Cruz. Esta es una vieja estrategia ya empleada antes para la introducción de la soya transgénica. Es decir, inundar los campos con transgénicos para después presionar al gobierno para su legalización ante los hechos consumados.
El gobierno en el día del Medio Ambiente nos ha “regalado” el reglamento del Decreto Supremo 2452 sobre el etiquetado de alimentos transgénicos, que no va modificar en nada los actuales cultivos de estos en el país, por el contrario los agronegocios lo están utilizando para presionar la legalización de más cultivos transgénicos, con el argumento que los consumidores están informados, por lo tanto que ellos decidan libremente en el mercado. En la cumbre agropecuaria del 2015 se revivió el etiquetado que ya estaba contemplado en la Ley de la REVOLUCIÓN PRODUCTIVA COMUNITARIA AGROPECUARIA del año 2011(artículo 15, numeral 3) que nunca se aplicó.

Ahora con el rimbombante termino de Organismo Genéticamente Modificado quieren enterrar el termino de transgénicos que se usa ampliamente y es conocido por los consumidores, asimismo la etiqueta se cambió de rojo al amarillo porque ofendía a los agronegocios. En este sentido, el etiquetado se convierte en el caballo de Troya de los agronegocios y del gobierno para avanzar en la legalización de más cultivos transgénicos en el país.

Por lo mencionado, hacemos un llamado, a las organizaciones de la sociedad civil, consumidores y agricultores a pronunciarse y movilizarse al respecto, ya que este nuevo atentado a la seguridad y soberanía alimentaria bajo argumentos falsos, no debe ser permitido y el gobierno debe establecer una posición clara de no permitir el ingreso de transgénicos a Bolivia y sancionar a todos los que han introducido y sembrado ilegalmente maíz transgénico, en el marco de lo establecido por la CPE, la Ley de la Revolución Productiva, la Ley de la Madre Tierra, etc.
Santa Cruz, 07 de Junio del 2016

POR LA PLATAFORMA AGROECOLÓGICA DEL TRÓPICO Y CHACO
PROBIOMA Antonio Sanjinez
CIPCA – Santa Cruz Isabel Mamani
CODAPMA Alejandra Crespo
Consumidores Rodrigo Lampasona
INCADE Adriana Montero